Friday, October 02, 2009

Salmo 23

shepherd

En este salmo se nos presente a Jesucristo como nuestro Pastor y a nosotros como sus ovejas.
El Salmo empieza con una afirmación categórica: “El Señor es mi Pastor, nada me faltará”. Cuando somos conscientes de esta realidad, podemos estar seguros y confiados que así será. Sea, cual sea el camino que tengamos que recorrer.
“En lugares de verdes pastos nos hace descansar”. Sabemos que no importa lo duro que haya sido el día, el Señor nos hará reposar sobre delicados pastos. Es significativo que el Señor “nos hace descansar”. Es como si nos estuviera obligando… ¡pero a descansar! Solemos tener un concepto de un Dios que exige grandes esfuerzos, pero paradójicamente, parece que a lo único a lo que nos obliga el Señor es a descansar solo en Él y a recobrar aliento.
Notemos también la exquisitez del Señor, no nos hace recostar sobre cualquier pasto. La palabra utilizada en el original significa, nada más y nada menos: “pastos tiernos y delicados”. Además, el Señor consciente del miedo que nos dan las aguas agitadas, no nos lleva a beber a cualquier parte del río, sino solo allí donde solo hay tranquilas aguas.
Pero notemos también otro matiz en el texto. Parece que el ir a beber no es el objeto del viaje emprendido, más bien da la sensación que el camino que recorre el pastor bordea ríos de calma y de quietud. No es que las aguas tranquilas, aquellas de las cuales necesitamos beber, sean el fin de nuestro recorrido sino que son las que nos van a acompañan durante todo el trayecto.
El Señor “restaura” nuestra alma. La santidad para Dios no es tanto ser conscientes de nuestra “pureza”, sino todo lo contrario, ser conscientes de nuestra “impureza” (Philip Yancey). Cuando es así. Cuando hay una voluntad sincera de arrepentimiento por aquello que sentimientos y a la vez nos avergonzamos, o por actitudes o hechos pecaminosos que quisiéramos no haber cometido, es precisamente entonces cuando el Señor puede empezar la restauración de nuestra alma. Es solo en ese momento cuando puede deshacer las ataduras que oprimen nuestra alma. El Señor no solo nos limpia de todo pecado por el derramamiento de su sangre ofrecida en sacrificio en la cruz. También pone en nosotros la nueva vida que obtuvo en su resurrección.
Una vez el Señor puede “curarnos” mediante el arrepentimiento, puede iniciar una nueva relación con nosotros. Pero solo podrá obrar en nuestras vidas si encuentra nuestra disposición a ser “guiados” por Él. Entonces su Palabra hallará cabida en nosotros y veremos con la suficiente claridad como para seguirle, aunque sea por senderos, lugares estrechos y escondidos pero llenos de justicia y de verdad. Una vez más, no es por nuestro propio esfuerzo, sino humillándonos y dejándonos ser guiados que vamos a ser partícipes del amor de Dios. Sí, para ser salvados, pero también para ser instrumentos de misericordia en sus manos. No hay otra forma de andar por los caminos de Dios. Solo es posible en su amor y por su amor.
La vida nos puede llevar por lugares insospechados. Son muchas las circunstancias que nos pueden tocar vivir. Son muchos los senderos que el Señor ha preparado para nuestro “corto” trayecto en esta vida. Pero en todos ellos, el Señor permanecerá a nuestro lado, incluso en el último trayecto, más allá de la muerte.
Sí, nuestro último enemigo: “la muerte”. No tendrá un efecto real en nosotros. Solo será una sombra en el último valle que cruzaremos, quizá nos produce cierto temor, pero aun así, no dejamos de confiar en aquel que ya la ha vencido. Tenemos dónde dirigir la mirada: “La Cruz”, que es la vara y el callado de nuestro Señor. En ella hemos sido redimidos por su muerte, pero también gracias a ella hemos sido hechos partícipes de la resurrección de nuestro Pastor.
No somos conscientes, muchas veces, del tremendo amor que el Señor Jesús tiene por nosotros. Sí, el Señor ha preparado un gran banquete para aquellos que le aman. También es cierto que lo mejor de la vida está aún por venir. Sabemos y confiamos que un día glorioso vamos a participar de “las bodas del cordero” ¿No es maravilloso? Nosotros, su Iglesia, nos uniremos por siempre a aquel que entregó su vida por amor a nosotros. Así que, no desmayemos, nos espera una vida de intensa comunión con nuestro Señor, pero, no lo olvidemos, también habrá comunión los unos con los otros. Finalmente, la iglesia y Su Señor vamos a ser uno.
También llegará un día en que seremos vindicados delante del mundo, Satanás, el pecado, y la misma muerte. Ya no nos van a hacer sufrir más. Será entonces cuando celebremos todos juntos la victoria de nuestro Señor sobre aquellos que nos oprimieron, nos persiguieron, y nos engañaron.
La posición en la que el Señor nos ha puesto no es cualquier cosa. Él nos ha ungido para ser reyes y sacerdotes a su servicio. Así que, ya no debemos temer condenación alguna por parte del Señor, si ciertamente hemos creído en Él. El Señor nos ha perdonado y redimido con su sangre por siempre jamás. Pero no tenemos esta posición porque nos la hayamos ganado sino porque hemos sido lavados con su sangre.
Por último, el salmista, después de haber meditado, alcanza a tener una perspectiva de lo que serán sus próximos días en la tierra e incluso más allá cuando ya no esté en esta vida. El Salmista entiende que el Señor le acompañará siempre, sea cual sea el camino por el cual tenga que pasar. Todas las cosas nos ayudan a bien, incluso aquellas que no entendemos, y el salmista entiende que todo finalmente resultará en su propio bien. Ciertamente el perdón y la misericordia de Dios no nos dejarán nunca. Verdaderamente, la salvación solo pertenece al Señor, Él la ha empezado y solo Él la completará. Así que no temamos, cuando terminemos nuestros días en este mundo, cuando vayamos a su presencia, vamos a morar con Él eternamente. No hemos sido nosotros sino Él quien ha estado preparándonos un lugar durante todo este tiempo. Por lo tanto, el día de nuestra muerte solo será el día de nuestra “mudanza”. Nuestra fe desembocará entonces en una comunión plena y perfecta, pero mientras no llega ese día, no menospreciemos caminar con nuestro Pastor cada día, su dirección y su cuidado ya están aquí y ahora, pero no solo para llevarnos a nuestro verdadero hogar, también para dar cobijo a muchos de los que hoy nos rodean.



Saturday, August 08, 2009

Siempre Abundantes

Fields of Gold



"El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará." 2 Co. 9:6.

En el capítulo 9 de su segunda carta a los corintios Pablo está tratando uno de los más impopulares, pero importantes, temas de la palabra de Dios. Está solicitando ayuda material. No era para él, sino para los hermanos de Jerusalén. Para ello está hablándoles de lo que podríamos llamar "ley de la cosecha". Esto es cosa común a todos los agricultores, más plantamos, más recogemos. Es simplemente que a mayor esfuerzo, más logros. La diferencia y lo que resulta del problema está en que una cosa es sembrar y otra es dar. Para muchos es más difícil dar que recibir, les resulta imposible ejercer la caridad. La idea de que recibirán más dando más, no les convence. Piensan que si dan dejarán de tener lo que dieron. Esa fue la idea del joven rico que vino a Jesús y le preguntó por el camino que conducía a la vida eterna. Él había actuado bien en todo, y por lo visto tenía fe, pero cuando el Señor le dijo que diera lo que tenía, el infeliz hombre no pudo decidir entre lo que tenía y lo que obtendría. Muchos de nosotros podemos mirar al joven rico y señalarle su error. Pero, ¿estamos seguros de que nuestra respuesta habría sido distinta? Después de todo dar lo que tenemos es algo comprometido. Todos sabemos aquel refrán de "más vale pájaro en mano que ciento volando". Además algunos que ya han tratado la "ley de la cosecha" no parecen estar muy contentos con el resultado. Quizás ya conocéis aquel caso de un campesino, que puso un pleito judicial a la iglesia donde asistía, pues el pastor le dijo que si él daba cierta cantidad a la iglesia, Dios le daría mucho más en su recompensa. La idea la pareció buena, por tanto dio una suma alta. Cuando vio que su situación económica no recibía el aumento esperado, se sintió defraudado y acusó a la iglesia de no mantener sus promesas. La cuestión está en lo que dice Pablo: "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre." (2 Co. 9:7). El campesino por lo visto no entendió al apóstol. Muchas veces se da, no con el deseo de ayudar a la obra de Dios, sino para que se sepa que dimos. O bien, para que nos dejen tranquilos los que han pedido nuestra ayuda, o para acallar nuestra conciencia. En otras ocasiones sabemos que nuestras donaciones van a ser conocidas, y por lo tanto damos para satisfacer nuestro ego.

El apóstol nos deja ver las bendiciones que recibe el dador alegre, porque "poderoso es Dios para que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra..." (2 Co. 9:8). Esto es, vida abundante, la seguridad de que tendremos bendición en abundancia, siempre abundantes, porque es Dios quien provee. Pablo quiere decir, que cuando uno pone su corazón en la generosidad, no hay límites en lo que Dios puede hacer a través nuestro. ¡Qué revelación! El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, es el Dios que nos da, y su propósito es bendecir a todos los hombres de la tierra. Sus manos y su corazón están abiertos para nosotros. Él ama al dador alegre, porque una persona contenta refleja algo de su propia naturaleza, y porque se ve que ha aprendido una de las más grandes lecciones de amor. Los que han descubierto el secreto interior de la vida genuina, se mueven en la corriente de los propósitos de Dios. Y en la forma de dar y recibir encuentran la vida abundante. A veces se critica el mensaje cristiano porque enseña estas promesas. Dicen que no se nos debe decir que nuestras buenas obras son premiadas y bendecidas, que debemos servir a Dios y compartir con otros sin pensar en ello. Es cierto. Pero ningún verdadero servidor de Cristo dará porque espere recibir más de lo que dio. Tampoco ninguno de ellos desdeñará la gracia de Dios que les enriquece espiritualmente. El Señor Jesús dijo "dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo..." (Le. 6:38).

Cuando comprendemos que Dios nos ha amado libremente y sin reservas en Cristo, que ha dado a su Hijo para nuestra salvación, que alegremente nos da todo en Él, es cuando aprendemos a ser generosos. Nos convertimos en sus hijos y, nutridos por su amor, empezamos a compartir las bendiciones en la familia de Dios. No tenemos que estar ansiosos ni preocupados por atesorar en esta tierra, para estar seguros. Podemos abrir nuestras manos y dar, sabiendo que siempre Él cuidará de nosotros. Entonces al dar, descubrimos que nuestra mano está llena nuevamente y que tenemos más para compartir. Ésta es la nueva vida que te ha sido dada, no para tu exclusivo disfrute, sino para que la compartas con otros en un feliz darte a Dios. Recuerda que si tratas de salvar tu vida la perderás, pero si la pierdes por Cristo y por su evangelio, por el interés de los demás, puedes estar seguro de que la encontrarás.Confía en la gracia divina; entonces experimentarás las bendiciones de Dios mientras vas por el camino del vivir diario, en el que aprenderás día a día que nunca podrás dar más que lo que Dios dio en la cruz. En el regocijo de compartir lo que Él te da comienza a saborear la vida abundante.

Mari Fernández

Tuesday, June 02, 2009

Amor universal



Joh 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.


Cuando uno es padre se da cuenta de que el amor que siente por su hijo no es un amor de: “Ahora sí”, “Ahora no”. Aunque haya momentos en que podamos enojarnos o reñirles, nuestro amor por nuestros hijos no disminuye un ápice, sea cual sea la situación.
Alguna vez podemos llegar a pensar que si Dios nos conociese de verdad no nos aceptaría tal cual somos. Que su amor por nosotros no sería el mismo. Pero si nosotros, siendo injustos no podemos dejar de amar a nuestros hijos ¿cómo va ha dejar de querernos nuestro Dios y Padre?

• El amor de Dios no tiene fronteras, ni entiende de naciones, ni de clases, ni de razas ni culturas. No es exclusivista en absoluto. Es cierto que Dios escoge los instrumentos con que trabaja, pero el objeto de su amor no es nunca excluyente ni discriminatorio. Dios ama a todo el mundo, incluso al ser más perverso que haya pisado este planeta. Dios nos ama personalmente como nadie puede hacerlo, pues Dios es amor. Eso sí, Dios respetando nuestra libertad nunca va a amarnos si no queremos ser amados, aceptar o creer en su amor es solo cosa nuestra.

• Dios tiene un único hijo. Es su único hijo porque solo Él ha sido engendrado de Dios. Nosotros no podemos ser hijos de Dios como lo es su Unigénito Hijo, ya que todos tenemos un padre y una madre que son como nosotros. Todos somos hijos de hombre y mujer, como diría C.S. Lewis somos “hijos de Adán y Eva”. Sin embargo Dios engendró un Hijo en María. Su nombre es Jesús. Por que es hijo de Maria es humano, por ser hijo de Dios es Dios.

• Si hizo falta que Dios entregase a su propio Hijo por amor a nosotros no fue por cualquier motivo, sino porque era el único remedio a nuestro pecado y a nuestra condenación: “La muerte”. Vivimos en pecado y en rebeldía contra Dios. Nosotros podemos pensar lo que queramos de nuestro pecado. Pero lo cierto es que es tan grave que hizo falta que el mismísimo creador y sustentador del universo pagase por nuestra culpa para que podamos ser salvos y libres de toda culpa ante el inminente juicio de Dios.

• La Biblia nos dice que la paga del pecado es la muerte. Vivimos todos los días de nuestra existencia bajo la maldición de la muerte. Nada más nacer se inicia la cuenta atrás de nuestra hora, nuestra inevitable cita con ella. Será el momento en que nuestra vida nos será quitada y tendremos que rendir cuentas delante de Dios.

• Pues bien, fue precisamente la maldición de la muerte lo que tuvo que gustar nuestro Señor Jesucristo para que está no nos tocase a nosotros. Y no estamos hablando de la muerte tal cual la conocemos nosotros. Sino de lo que la Biblia llama la segunda muerte, una muerte espiritual y eterna de separación de Dios algo verdaderamente espantoso y que todos merecemos. La Palabra de Dios lo llama perdición, por que significará perder todo lo que podíamos haber sido en Dios y no quisimos ser. Lo peor de perderse no es que nos perdamos nosotros sino que perdemos a Dios para siempre.

• Para tomar la salvación que el Señor Jesús ha ganado muriendo allí en aquella afrentosa cruz y resucitando después al tercer día solo debemos hacer algo muy sencillo. Creer en Jesús como Señor, en su vida, su muerte y su resurrección por nosotros. Pero ello nos debe llevar inevitablemente a reconocer nuestro pecado y entregárselo para que en su muerte y sacrificio pueda ser quitado y nosotros justificados. Es su muerte en la cruz lo único que puede salvarnos de una merecida condenación eterna por habernos rebelado contra Dios y su Palabra.

• Pero si creemos en el Señor Jesús también recibiremos de Él la vida perdida, la comunión que todos anhelamos tener con nuestro Dios y Creador. Solo el restablecimiento de esta relación puede devolvernos la capacidad de amar a Dios y de amarnos los unos a los otros.

• Todo aquel que cree recibirá la vida eterna. La vida eterna no solo es vivir para siempre, también es conocer a Dios día a día y dejarse conocer por Él. Significa andar cada día participando no solo de nuestra vida sino también de la vida de Dios.

Friday, March 20, 2009

Preparados para toda buena obra


(Tito 3:1-14)

Pablo sigue sus observaciones y exhortaciones en relación con el comportamiento cristiano, el cual debe manifestarse, no sólo en algunas áreas, sino en toda buena obra.

El Cristiano en la sociedad civil

Dado el carácter turbulento de los cretenses, cabía el peligro de que algunos miembros de la iglesia participasen en actividades políticas de carácter subversivo. El apóstol, quizás para prevenir contra ese riesgo, expone una vez más su doctrina relativa a la responsabilidad civil del cristiano, que ha de distinguirse por la sumisión a los poderes legítimamente constituidos (Romanos 13:1-6 ; 1º Pedro 2:13-14). Éste es el principio básico, aunque sobreentendiendo que hay cosas en que es menester obedecer a Dios antes que a los hombres y puede haber circunstancias en que la conciencia cristiana imponga alguna forma de resistencia a la acción de gobernantes injustos (Hechos 4:19). Pero básicamente, y en principio, la sumisión respetuosa a las autoridades es la actitud propia del cristiano. La responsabilidad del creyente en la sociedad no se limita únicamente a su relación con el estado. Tiene que ver con todas sus relaciones. Por eso debe abstenerse de comportamientos injustos, que pueden ser muchos: difamación, espíritu pendenciero o de contienda, riña de palabras o de obras, etc... y debe mantenerse amable y manso para con todos los hombres, pese a las ofensas de que pueda ser objeto (1ª Pedro 2:19-21).

El cristiano, un ser transformado

En el versículo 3, Pablo, resume el modo de vivir de quienes aún no han conocido a Cristo y siguen sus propios impulsos. Pero todo cambia cuando se llega a conocer y aceptar el mensaje del Evangelio, testimonio de la bendición de Dios y su amor para con los hombres. Él, por su gracia, nos salvó. En esta salvación no contaron para nada nuestros méritos inexistentes; todo se debió a su misericordia y a la acción renovadora del Espíritu Santo. La finalidad de la salvación es que participemos en la esperanza de la vida eterna, pero también que nos ocupemos en buenas obras.

Recomendaciones finales

Casi al principio de su carta, Pablo ha dado a Tito instrucciones relativas al modo de actuar contra los falsos maestros (1:10). Ahora, al concluirla, vuelve a la misma cuestión. El grave mal de las divisiones (v. 9-11), característica de las doctrinas erróneas, es que engendra controversias necias o sin sentido; contiendas y disputas que resultan vanas y sin provecho. Pese a ello sus propagadores insisten en proseguir su obra de captación de adeptos, lo que puede originar una división en la iglesia (v.10). Nada hay que debilite más el testimonio de una congregación, que las escisiones entre sus miembros. Las enemistades y contiendas que de ellas resultan, no sólo son causa de amargura y debilitamiento espiritual, sino que anulan por completo la efectividad de la obra que la iglesia pudiera realizar. Por eso conviene tomar las medidas necesarias para atajar este mal. El "hereje" causante de divisiones debe ser reiteradamente amonestado, pero si persiste en su obstinación, debe ser desechado, porque con su persistencia confirma su propia condenación.

Los últimos ruegos

Vemos con al final de su segunda carta a su segunda carta Pablo expresa su deseo de tener la compañía de algunos de sus colaboradores más preciados. Él sigue dirigiendo el movimiento de los componentes de su equipo. Para facilitar la venida de Tito enviará a Artemas o Tíquico a relevarle (v.12). También se preocupa de que todos ellos tengan lo necesario (v.13); el gran apóstol tenía corazón de padre. Y una vez más insiste en su exhortación sobre las buenas obras en que debían ocuparse los creyentes de Creta, y todo cristiano. Esta vez destaca el aspecto práctico de las mismas, en forma de ayuda frente a necesidades urgentes.

El amor cristiano es mucho más que un mero sentimiento o un activismo poco práctico. Ha de manifestarse en fruto visible y tangible.

Friday, January 23, 2009

Extraños


EXTRAÑOS, EXTRANGEROS, [Y] CONCIUDADANOS
zenos, paroikos, [and] sumpolitēs
Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, (Efe 2:19)


Pablo menciona dos términos en este verso que son sinónimos (extraños y extranjeros) pero que tienen sutiles diferencias entre ellos.
Extraños (xenos) en griego clásico se refiere a alguien que no pertenece a la comunidad y es un término directamente opuesto a: “ciudadano” del país ( politēs). Este término puede incluso hacer referencia a un nómada o a un refugiado. Para los griegos un zenos era sinónimo de un bárbaro. De esta palabra deriva en nuestro idioma el vocablo “xenofobia”: Temor y odio a los extraños o extranjeros.
Extranjeros (paroikos) es una palabra compuesta por “para” que significa “por” o “cerca de”, y “oikos” que significa “casa”. Así que hablamos de “por la casa” o “cerca de la casa”. El extranjero o advenedizo era aquel que vivía al lado de la gente del lugar. Alguien que siendo extranjero, vivía como un vecino más disfrutando de la protección de la comunidad de nativos, pero al mismo tiempo no tenía privilegios de ciudadanía ya que esta la tenía en otro lugar.
Así que Pablo estaba diciendo a los efesios que ya no eran ni “zenos” ni “paroikos” , ni tan solo inmigrantes con papeles. Sino que los llama “conciudadanos” (sumpolitēs). Esta palabra tiene como raíz: politēs, término que se refiere a “ciudadano”, habitante de una ciudad, una persona libre con derechos de ciudadanía. Al añadir el prefijo “sum” (“juntamente con”) obtenemos la idea de “ciudadanía compartida” .
Si ponemos todo esto junto, vemos que Pablo está diciendo a los efesios que todos tienen una ciudadanía común en Cristo. Aquello les debió causar una profunda impresión. Debieron pensar: “Si un ciudadano romano tiene todos esos privilegios ¡Qué será para nosotros, los que vivimos en Cristo! Verdaderamente, somos ciudadanos de un país mucho más grande que Roma, o cualquier otro imperio.

Efe 2:8-18
(8) Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios;
(9) no por obras, para que nadie se gloríe.
(10) Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.
(11) Recordad, pues, que en otro tiempo vosotros los gentiles en la carne, llamados incircuncisión por la tal llamada circuncisión, hecha por manos en la carne,
(12) recordad que en ese tiempo estabais separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza, y sin Dios en el mundo.
(13) Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo.
(14) Porque El mismo es nuestra paz, quien de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,
(15) aboliendo en su carne la enemistad, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un nuevo hombre, estableciendo así la paz,
(16) y para reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio de la cruz, habiendo dado muerte en ella a la enemistad.
(17) Y VINO Y ANUNCIO PAZ A VOSOTROS QUE ESTABAIS LEJOS, Y PAZ A LOS QUE ESTABAN CERCA;
(18) porque por medio de El los unos y los otros tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu.

2:8
Por gracia hemos sido salvados (presente y pasado). No ha habido, no hay, ni habrá merito alguno que podamos presentar delante de Dios a favor de nuestra salvación.
La fe no es el tributo que ofrecemos por nuestra salvación, sino el medio, por el cual llegamos a la Gracia de Dios, que es la base sobre la cual hemos sido salvados.
La fe es convicción (moral sobre todo), credibilidad. Significa esencialmente confiar en Cristo.
Y en todo ello no hay el menor mérito por nuestra parte. Pues todo (fe y gracia) son un don de Dios.

2:9
Para evitar cualquier tipo de gloria personal en nosotros, pues no debería de haberla, el apóstol nos vuelve a insistir haciéndonos ver que no tenemos implicación alguna en nuestra salvación. Un poco de levadura leuda toda la masa. Un poco de mérito en nuestra salvación hecha a perder toda la gracia.

2:10
Por que somos hechura suya. Somos su obra. Nunca una obra (un cuadro, una pieza musical, un vestido, etc...) podrá afirmar de si mismo que es el creador. Una nueva creación en Cristo Jesús.
Tenemos una nueva vida en Cristo Jesús. Es por esta nueva vida que podemos realizar buenas obras, no “para” sino “en” Cristo. Las buenas obras no son ya el medio para conseguir nada, sino el fruto de la obra de Dios en Cristo Jesús.
Son obras que Dios mismo preparó en el pasado para que anduviéramos en ellas. No son algo que nosotros decidimos hacer, sino que forma parte del plan de Dios. Hoy podemos pensar que estamos sirviendo a Dios haciendo esto o lo otro, pero si Dios no lo ha puesto delante nuestro, de nada sirve. No somos nosotros los que decidimos lo que hay que hacer. Dios ya lo ha decidido.
2:11
Es bueno recordar que no siempre hemos sido creyentes, si actualmente lo somos, que no pertenecemos por nosotros mismos al pueblo de Israel, al pueblo del pacto. No olvidemos que ni por raza ni por obra teníamos nada que ver con el plan de salvación de Dios.
2:12
Todos hemos nacido en pecado. Vivimos rebeldes, ajenos, separados y sin contar para nada con Cristo. La promesa de la salvación había sido dada a Israel. Por lo tanto no había, humanamente hablando, forma de participar de ella. No pertenecíamos a esta nación. Las promesas que Dios les había echo eran para ellos, no para nosotros. Lo único que podíamos esperar era una vida de desolación y desesperación. Efectivamente, vivíamos sin Dios y sin esperanza en el mundo ¿Lo recordamos? Por que este sí es nuestro estado natural.
2:13
Ahora en Cristo Jesús. Toda nuestra vida, si vale algo hoy, es “en Cristo Jesús”. Si podemos apropiarnos de las promesas de salvación hechas en su día al pueblo de Israel es únicamente por lo que somos en Cristo Jesús. Es por la sangre de Cristo que hemos dejado de ser extraños para pasar a formar parte de la familia de Dios como hijos adoptivos. Formamos parte del pueblo de Dios, pero solo por preciosa sangre, que nos ha salvado, nos ha redimido y nos ha hecho coherederos con Él.
2:14
Antiguamente, en ciertas áreas del templo había señales advirtiendo a los gentiles de cruzar los límites so pena de muerte. Hoy, sin embargo, el Señor Jesucristo nos ha unido. Ha hecho un solo pueblo mediante su Paz. Pero sin paz en nuestros corazones no hay unión. La paz del amor de Dios ha propiciado, mediante la fe, que judíos y cristianos podamos, en un futuro, formar parte de un solo cuerpo. El Señor Jesucristo ha derribado esos antiguos muros de separación.

2:15
El pueblo de Israel tenía que diferenciarse del resto de naciones por el seguimiento de determinados mandamientos. Sin embargo, la Palabra de Dios nos dice que nadie a conseguido jamás alcanzar la salvación de Dios por obras. El Señor Jesús , mediante su sacrificio muriendo allí en la cruz, rompió la barrera que separaba aquellos dos pueblos (judíos y gentiles) A ambos nos ha concedido formar parte de un nuevo cuerpo: La Iglesia.
Somos un nueva creación en él. No es solo que Dios en un sentido ya lo haya conseguido. Es que Dios lo está haciendo cada día. Desde la perspectiva humana, la nueva creación se está llevando a cabo. Por lo tanto, en ese nuevo hombre no habrá división alguna, no habrá enemistades, no habrá contienda, no habrá todo aquello que es contrario a la paz. Más habrá un cuerpo nuevo, que es su Iglesia.

2:16
No hay otra forma de que los hombre nos reconciliemos de forma permanente si no lo hacemos antes con Dios.
La reconciliación pasa también, necesariamente, por el sacrificio. Hay una injusticia que hay que saldar y para ello, alguien tiene que perdonar. El perdón es el único que puede abrir la puerta de la reconciliación. En este caso la reconciliación con Dios ha sido posible porque Jesucristo pagó el precio de nuestra culpa y de nuestro pecado muriendo en una cruz. Todo aquello que jamás pudimos alcanzar con nuestro propio esfuerzo ha sido aceptado por Dios como válido gracias al sacrificio expiatorio de nuestro Señor Jesucristo muriendo en la Cruz pagando el precio de nuestra culpa.
Donde antes había un espíritu de juicio, de condena por no cumplir la ley hoy puede haber un espíritu de unión, de amistad y compañerismo en nosotros y entre nosotros, tanto los que estábamos lejos, como para los que estaban cerca. Ciertamente, la salvación no puede ser una realidad sin Cristo. La prueba es que hoy también nosotros podemos perdonar, pero solo porque Él nos perdonó primero a nosotros.

2:17
Dios se hizo cercano en Jesucristo. Él es Dios accesible, Dios hecho hombre. Dios no se ha olvidado de nosotros nunca. El Señor Jesucristo nos anuncio las buenas nuevas que traerían paz a nuestras vidas. No es posible tomar de su paz sin fe. Si no tenemos fe no puede haber confianza en el Señor, no podemos hacer nuestra Su Paz. Sin confianza no podemos tener paz, por que indudablemente no la buscaremos ni la seguiremos.
La Paz de Dios es para todos, no es solo para determinado grupo de gente. Dios la ha querido anunciar a todo el mundo, al judío primeramente y también al griego.

2:18
No podemos acercarnos a Dios bajo otro nombre que el de Cristo Jesús. Solo por el Espíritu Santo podemos acercarnos hoy al padre con plena confianza mediante la fe.

Sunday, September 28, 2008

Trabajo


TRABAJO


La escritura nos habla abundantemente del trabajo. Vamos a considerar la palabra: egarzonai. Significa trabajar esforzándose. Implica continuidad: una tarea, una ocupación, implicarse, comprometerse. Se utiliza en referencia a: ministrar, comerciar o trabajar en el sentido más general.

El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad. (Eph 4:28)

En esta vida todo cuesta, todo tiene su coste. Pablo nos insta a que “hagamos”, trabajemos lo que es bueno. Nos dice que empleemos bien el tiempo. Nos anima a que nuestro esfuerzo sea provechoso no tanto para nosotros mismos, que lo será, sino más bien para aquellos que tienen necesidad. Y no se trata de hacer la clásica obra altruista que hacemos una vez al año, sino más bien de que toda nuestra ocupación repercuta de una forma natural en beneficio de los más menesterosos.

Al decir “lo bueno”, el apóstol Pablo nos ofrece un amplio abanico de posibilidades para hacer lo que es de provecho. No, no tenemos que hacer todos lo mismo, algo específico, sino que “lo bueno” puede tener “millones” de formas y expresiones, tantas como personas hay en el mundo. Hacer “lo bueno” cambiará según nuestros dones, cultura, y forma de ser. Por lo tanto, haciendo “lo bueno”, podemos cada uno hacer cosas muy distintas, pero todas ellas igualmente necesarias.

En Mateo 21:28

Pero, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegándose al primero, le dijo: "Hijo, ve, trabaja hoy en la viña." (Mat 21:28)

Se refiere a labrar la tierra para que de su fruto. El esperar que nuestros hijos trabajen no es ninguna maldición. En la vida todo cuesta y requiere cierto esfuerzo. Es más, la misma naturaleza nos enseña que incluso el fruto de una planta requerirá nuestro cuidado y nuestra destreza. Hoy en día no solemos dar valor a lo que cuesta obtener una simple manzana.

En Hechos 18:13

y como él era del mismo oficio, se quedó con ellos y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. (Act 18:3)

Pablo mismo tenía un oficio. Gracias a este oficio pudo proveerse para sí mismo en muchas ocasiones. No solo es necesario el esfuerzo, sino también el desarrollar alguna destreza que te permita tener una profesión. Ser un buen profesional hoy en día, no solo es algo cada vez más valorado, también puede ser un acto de testimonio cuando somos consecuentes con la retribución económica recibida.

En definitiva, egarzonai es todo aquello que hacemos y nos ocupa tiempo de una forma sistemática en nuestro que hacer diario.

El trabajo forma parte de los mismos cimientos de la sociedad, sin trabajo, la sociedad se desmorona. Incluso antes de la caída el trabajo era algo necesario (Entonces el SEÑOR Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. (Gen 2:15)) . El trabajo debe ser visto como un privilegio en el que Dios nos hace colaboradores suyos.

El trabajo en sí no es una maldición. Después de la caída el trabajo será incluso más necesario y difícil, ya que muchos elementos de la naturaleza ya no nos serán favorables, sino que nos harán mucho mas dura nuestra labor (Génesis 3:17-19).

El trabajo, es una responsabilidad tan grande que el apóstol Pablo insta a los Tesalonicenses a que “no se dé de comer a quien no trabaje (y pueda hacerlo)” (2 Tesalonicenses 3:10). Entre los judíos había un dicho que decía: “Si no enseñas a tu hijo un oficio, le enseñas a ser un “ladrón”.

Nuestro mismo Señor Jesús nos es un modelo. Él mismo tenía un oficio: El de carpintero. Nunca lo menospreció a pesar de tener un ministerio tan grande por delante. Qué diferencia con la manera de pensar de tanta gente hoy en día. Cuánto se idealizan la vacaciones, el ocio, etc.. Parece que solo se vive cuando no se trabaja..

Vivimos, gracias a Dios, en un estado de bienestar que provee para los más necesitados. Pero ello no debería relajarnos y pensar que no pueda haber necesitados entre nosotros o más allá de nuestras fronteras. Es una responsabilidad primordial el proveer especialmente para aquellos hermanos nuestros que pasan necesidad.

1Co 16:1-3 Ahora bien, en cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también como instruí a las iglesias de Galacia. (2) Que el primer día de la semana, cada uno de vosotros aparte y guarde según haya prosperado, para que cuando yo vaya no se recojan entonces ofrendas. (3) Y cuando yo llegue, enviaré con cartas a quienes vosotros hayáis designado, para que lleven vuestra contribución a Jerusalén.

Debemos pues estar atentos a noticias de hermanos nuestros que pasan necesidad e ir apartando según prosperemos para poder proveer cuando surja la oportunidad.

Gal 6:10 Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe.

El dar, no debe reservarse meramente para aquellos que tengamos en mente. Debemos estar preparados para ser generosos con cualquiera que lo necesite, especialmente, eso sí, los de la familia de la fe.

Trabajando honramos a Dios, por lo tanto, Él también nos honrará por ello.

Rom 2:10 pero gloria y honor y paz para todo el que hace lo bueno, al judío primeramente, y también al griego.

El Señor nos ve constantemente. Para Él no es más importante el domingo que cualquier otro día de la semana. El hacer lo bueno es para cada instante. También estamos sirviendo al Señor en nuestros trabajos. Por que Él está interesado en tu labor cotidiana, el también fue carpintero y ponía especial interés en hacer las cosas bien. El Señor esta esperando recompensar grandemente el fruto de nuestra labor. Gloria, honor y paz esperan a aquellos que hacen lo que es bueno. Eso debemos buscar, y hacer a cada instante.

1Th 4:11-12 y a que tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila, y os ocupéis en vuestros propios asuntos y trabajéis con vuestras manos, tal como os hemos mandado; (12) a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada.

Solemos pasarnos la vida afanándonos con tantas cosas. Solemos preocuparnos por conseguir esto y aquello. Cuando lo tenemos, rápidamente nos cansamos y ya estamos anhelando otra cosa. Siempre nos falta algo... Pero el apóstol Pablo nos insta a que tengamos como ambición el vivir en paz. Tranquila y sosegadamente. Sin tener mayor afán que vivir el mismo momento que el Señor nos da. No corramos pues como lo hace el resto del mundo.

Es necesario que nos preocupemos de nuestros propios asuntos. Hay muchas cosas, espiritualmente hablando, que arreglar en nuestras vidas. Muchos asuntos que resolver. Decisiones que tomar. Debemos prepararnos constantemente para dar razón de nuestra fe. No solo con nuestras palabras, también con nuestras vidas. Algo va mal en nuestro corazón cuando nuestra mayor preocupación es la envidia que tenemos por las cosas que tienen o hacen los demás. Cuando lo único que nos mueve es nuestra propia ambición. Recordemos siempre que con la medida con que juzgamos a los demás se nos juzgará también a nosotros. Cuando acusemos a otros, recordemos que nosotros también hacemos lo mismo.

El ocio es campo de cultivo de muchas enfermedades espirituales. El trabajo forma parte de la vida, por lo tanto, es una bendición, un privilegio que Dios nos da. Dios ha repartido dones entre todos nosotros para que podamos desarrollarlos poniéndolos a Sus pies. Trabajando con nuestras manos imitamos al Dios de la Creación. La única maldición que conlleva el trabajo es la dureza y las dificultades con que nos podemos encontrar. Pero ello no debería acobardarnos. Más bien debería ser un nuevo desafío. Trabajar, a pesar de su dificultad o dureza, es un mandamiento, no es una opción. Sin trabajo, no hay futuro. Ni para nosotros, ni para los que han de venir después de nosotros.

Hoy en día, encontrar un trabajador honrado no es nada fácil. Alguien que se tome el trabajo con ganas, como un reto de realización personal. Que no defraude a la empresa, trabajando solo cuando está el jefe. Ser un buen trabajador es todo un acto de testimonio y además honra directamente al Señor. Por otro lado, no solo es trabajador el asalariado, hoy hay multitud de amas de casa, abuelas y jubilados que desempeñan un duro y crucial trabajo totalmente necesario para mantener en pie nuestras familias y por lo tanto nuestra sociedad.

Al que es buen trabajador raramente le falta el sustento. Hay una promesa implícita en la buena labor. El Señor mismo, no nuestro empresario, se compromete a que no nos faltará de nada.

Hoy, todos esperamos ese tiempo de descanso, en el que disfrutaremos de unas vacaciones. Cuando son merecidas se disfrutan mucho más. El Señor nos podrá dar descanso solo si antes nos hemos cansado trabajando. Ya que si siempre andamos descansados, difícilmente querremos “entrar en su reposo...”

Friday, May 30, 2008

Avivando la flama



6 Por eso te recomiendo que avives la llama del don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos.7 Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio. 8 Así que no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que por su causa soy prisionero. Al contrario, tú también, con el poder de Dios, debes soportar sufrimientos por el *evangelio.9 Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida *santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo;10 y ahora lo ha revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y sacó a la luz la vida incorruptible mediante el evangelio.11 De este evangelio he sido yo designado heraldo, apóstol y maestro.12 Por ese motivo padezco estos sufrimientos. Pero no me avergüenzo, porque sé en quién he creído, y estoy seguro de que tiene poder para guardar hasta aquel día lo que le he confiado. 2 Timoteo 1:6-12


6.
El apóstol nos recuerda, por que somos muy olvidadizos espiritualmente hablando y a su vez nos recomienda (lo cual implica que lo que nos va a recordar forma parte de su experiencia).
Mediante el ministerio de otros hermanos, nosotros mismos hemos recibido el don de Dios. Ese don de Dios es precisamente la misma capacidad que el Señor nos ha dado de ministrar a otros. No es algo natural o adquirido por nosotros mismos sino que nos ha sido dado por Dios.
Si bien el don que hemos recibido no se puede perder, sí es cierto que puede perder su fuerza. La Escritura nos dice que ese don es como un fuego. La llama no se apagará, pero si puede quedarse en unas simples brasas. Nos corresponde a nosotros avivarlo. Qué duda cabe que la forma de hacerlo es mediante nuestra devoción al Señor y por Su Santo Espíritu meditando Su Palabra y mediante la oración.

7.
El Señor nos ha prometido que estará con nosotros todos los días y en todo momento. No se trata aquí de “no ser tímidos” en el sentido que debamos ahora ser todos unos buenos “relaciones públicas” o unos grandes “emprendedores”. Se trata de dejar que el Espíritu de Dios nos mueva a hacer las grandes cosas que desea hacer con nosotros. Cosas, que solo se podrán hacer con la “valentía” que solo Él nos puede dar.
Realmente, en Su Espíritu, Dios nos da poder. No es poder humano, ni que emplee los métodos humanos, ni que busque hacer nuestra propia voluntad, ni tampoco someter a los demás. Si es poder, es precisamente para hacer aquello que ni queremos ni nos atrevemos hacer por nuestra condición pecaminosa. Es poder de Santidad, de Justicia y de Verdad.
Es también espíritu de amor. Es el gran olvidado hoy en día. Se pueden hacer muchas cosas, muchas actividades, mucho estudio bíblico, muchos consejos, mucho conocimiento, mucho nombramiento, reconocimiento, etc… pero hoy andamos escasos de héroes del amor. Personas capaces de sacrificar su propio ego y voluntad por amor a otros. Personas capaces de hacer las cosas para los demás y sin recibir nada a cambio. Amor en silencio y en la oscuridad, para alumbrar a otros sin ser vistos, para escuchar sin oírnos.
Es un espíritu de dominio propio. Dios jamás nos dejó a nuestra suerte para lidiar con nuestra carne. No nos ha dejado solos. El poder que nos ha dado sirve también para mantener nuestras pasiones e impulsos pecaminosos a raya. Qué duda cabe que la carne forma parte de nosotros y no la podemos evitar. Pero el poder que Dios nos ha dado es lo suficientemente grande como para subyugarla.

8.
El apóstol dice no te avergüences del testimonio de Nuestro Señor. Dar testimonio es algo más que recitar ciertos textos evangelísticos. Supone dar testimonio de la persona de Nuestro Señor Jesucristo. Implica que hay un fuerte vínculo, relación, entre Él y nosotros. Evangelizar es en esencia que puedan ver al Señor Jesús en nosotros.
El Evangelio no puede ser transmitido por “el aire”. Todos hemos tenido hermanos que han dado testimonio del Señor con sus vidas y sus palabras. Es mediante el testimonio personal que podemos ministrarnos. Debemos pues tener el debido respeto a aquellos mentores que nos han hecho crecer en el Señor.
Dar un fiel testimonio del Señor no está exento de dificultades y adversidades. Pablo se encontraba en la prisión. El servir al Señor implicará una dedicación que nos privará de otras cosas a las cuales seguramente tenemos derecho. También levantará el rechazo de muchos hombres así como su oposición directa. Ahora bien, no siempre se sufre por causa de nuestro Señor, existe también la posibilidad de sufrir por ambiciones personales, por envidias, enemistades o desacuerdos, pero este sufrimiento ni viene de Dios ni glorifica a nuestro Señor.

Pues ¿qué mérito hay, si cuando pecáis y sois tratados con severidad lo soportáis con paciencia? Pero si cuando hacéis lo bueno sufrís por ello y lo soportáis con paciencia, esto halla gracia con Dios.
(1Pe 2:20)


El poder de nuestro Señor Jesús no es un poder tipo “pócima de Asterix” que nos da fuerzas para “matar romanos”. Ni tampoco el “elixir de la felicidad”. Ni la clave para ejercer mi dominio sobre los demás. El poder de Dios es lo que puede sostenernos en medio del sufrimiento surgido a causa de nuestro fiel testimonio de Él.

9.
El Señor nos ha salvado con un propósito. El propósito de ser santos, o apartados para Él. Muchas veces entendemos esta santidad como: “todo el esfuerzo que pueda realizar para conseguir aquello que Dios me pide y sé que no puedo alcanzar”. Sin embargo, el vivir en Santidad está muy lejos de todo este vano esfuerzo. Vivir en Santidad es algo tan simple como decir: “Si quiero”. Es simplemente responder a un llamado que nació antes de la Creación. Solo es por Su propósito y Gracia en nosotros que podemos andar en sus pisadas. Significa decir al Señor: “Sea en mi conforme a tu persona y tu Palabra”.


Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe.
(Heb 3:1)


10.
El Evangelio ha venido ha traernos la victoria de Nuestro Señor Jesucristo sobre el pecado y la muerte. El evangelio es poder de Dios para revelar, convencer, redargüir de pecado. El Señor Jesús ha destruido la muerte y de esa muerte ha surgido una nueva Vida, Santa e incorruptible conforme a Su Persona. Ya no tenemos que vivir sujetos a una cuenta atrás, a una vida que se acaba. A un “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Hoy nuestra vida es un viaje de Eternidad a Eternidad y nuestra misión es manifestar esa nueva vida a cada paso que demos.
Alguien dijo una vez: “Ya lo entiendo, Dios no espera que viva su vida, sin que primero me dé su misma Naturaleza” Solo la fe que implanta la naturaleza de Dios en nuestro corazón es una fe que salva. Aunque pensemos que hay salvación eternal en el Señor Jesús, esta declaración no nos salva. Solo la fe que nos lleva a abandonarnos y nos arroja en los brazos de nuestro Señor Jesucristo es la que salva.

11-12.
El apóstol Pablo tenía una clara misión en la vida. Transmitir el mensaje del Evangelio. Si no somos conscientes de la importancia del mensaje, no solo para las vidas de los demás, también para las nuestras, no vamos a transmitirlo. Los heraldos de la edad media transmitían mensajes de importancia, principalmente de parte de algún rey, príncipe o magnate. Nosotros somos siervos de algo más que un rey. Apóstol significa “enviado”. Cada uno con una misión particular ha sido enviado por el Señor para cumplir una misión en esta vida, no podemos quedarnos parados. El ser maestro, no era un oficio para Pablo, sino que formaba parte de su vida. Su enseñanza nacía de una vivencia y de una experiencia diaria con el Señor.
Cuando realmente se dan estas circunstancias en nuestra vida pasaremos por la experiencia del sufrimiento. El Sufrimiento para el creyente del Nuevo Testamento está más ligado por el vivir piadosamente que por el castigo o la disciplina de Dios. Pero al Apóstol no le importa. No se siente avergonzado por ello. Y es por una simple razón: Por que sabía en quien había creído. No confiaba en su propio conocimiento de la Escritura, ni la iglesia, ni ningún otro apóstol. Solo en su relación personal con el Señor.
“y estoy seguro de que tiene poder para guardar hasta aquel día lo que le he confiado” No sabemos a ciencia cierta a qué se está refiriendo el apóstol con esta frase. Pero tenemos varias alternativas y creo que podemos decir que todas ellas son válidas. Unos dicen que se está refiriendo a su vida, aunque los hombres pudiesen quitársela él sabía que la recuperaría el día de la resurrección. Otros piensan que se refiere a su alma. Aunque los hombres matasen su cuerpo no conseguirían destruir el alma que solo pertenece Dios. Otros piensan que se refiere al Evangelio. Un Evangelio al que Pablo ha dedicado buena parte de su vida y que sabe que el Señor guardará y hará prosperar hasta el final de los tiempos, aún cuando él mismo falte. Digamos que Pablo se está a las tres por igual…