Monday, January 15, 2007

Fe y Libertad




Lucas 4:18 EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI, PORQUE ME HA UNGIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES. ME HA ENVIADO PARA PROCLAMAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y LA RECUPERACION DE LA VISTA A LOS CIEGOS; PARA PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS;

Heb 11:35 Las mujeres recibieron a sus muertos mediante la resurrección; y otros fueron torturados, no aceptando su liberación, a fin de obtener una mejor resurrección.


Quizá una de las bendiciones que más relacionamos con la fe es la liberación. La Biblia recoge una gran cantidad de personas que fueron afectadas por esa libertad. Abraham fue librado de la idolatría. José fue librado de sus hermanos. David fue librado de Goliat. Y Pedro de la prisión en Jerusalén. Pero en el Antiguo Testamento quizá, como liberación más notable, podemos destacar la del Éxodo. Cuando Israel fue liberado de su esclavitud. Sacado de Egipto con poder por la mano de Dios para ser llevados a la soledad y al peligro del desierto. Todos estos son ejemplos de liberación forjada en una fe viva. Esos hombres pusieron su confianza en Dios, y en el gozo de esa confianza fueron liberados de la oscuridad y la cautividad. Así pues a medida que vamos leyendo la Escritura nos vamos dando cuenta que esta persiste una y otra vez en este argumento: Que Dios es capaz y quiere darnos esa anhelada libertad si ponemos nuestra confianza en Él.

Hay un poder transformador en nuestras vidas cuando tenemos un encuentro personal con Jesús. Cuando ponemos nuestra confianza y nuestra fe en Él. Cuando nos rendimos a sus pies y le reconocemos como Señor y Salvador. Vemos en la Escritura como aquel endemoniado gadareno es libertado de toda una legión de demonios. Después de tener un encuentro personal con Jesús el endemoniado pasa de ser un ser poseído por la locura, violento, desnudo, enfermo y de comportamiento salvaje a estar completamente cuerdo, vestido, sano, pacífico y en sus plenas facultades. Vemos aquel hombre con una enfermedad en la mano que le afectaba de tal modo que le llamaban el hombre de la “mano seca” y como esa mano es restaurada cuando es extendida al mandato del Señor. Vemos que el ojo ciego vuelve a ver cuando los ojos de la fe miran a Jesús. Vemos también la mujer que es curada de su flujo de sangre cuando su mano de fe se extiende para tocar el manto de Jesús. Un amigo amado que es rescatado de la tumba, y un buen número de seguidores que son librados del yugo del pecado. Cristo fue el gran enemigo de la esclavitud, el gran libertador. Nadie como Él ha personificado el amor y el faro de la libertad y la salvación. El vino a anunciar libertad a los cautivos. El fue la máxima revelación de Dios pues Él mismo es La Palabra de Dios (Él es la verdad). El es el pan de vida que sacia nuestra hambre, el agua que calma nuestra sed para siempre. Así pues la fe siempre nos lleva a el poder de liberación de Dios. Es por la fe que podemos ser redimidos cualquiera sea nuestra atadura.

HAY UNA FE QUE RECHAZA LA LIBERTAD

Si bien es cierto que la fe nos conduce a la libertad, también hay veces que esa misma fe la rechaza. Encontramos un ejemplo en el segundo versículo que consideramos: “y otros fueron torturados, no aceptando su liberación”. Aun sabiendo que todo el capítulo 11 de Hebreos es un canto a la fe y en medio de todos los ejemplos de fe que encontramos en él, vemos como hay veces que la fe es el vehículo mediante el cual recibimos la valentía para no aceptar la libertad por amor al Nombre de Jesús. Algunas veces la fe se manifiesta en la libertad alcanzada, otras en la libertad rechazada. Habrá veces que será necesario rechazar el camino ancho, la libertad ofrecida si queremos seguir a Jesucristo por el camino estrecho así poder seguir siéndole fiel.

MEJOR SER FIEL QUE LIBRE

No resulta fácil permanecer fiel en medio de una sociedad que justamente piensa y actúa con tanta infidelidad al Señor. La sociedad occidental proclama hoy en día a los cuatro vientos que ante todo lo que prima es la libertad, incluso por delante de la fidelidad. Asume nuestra sociedad hoy en día casi de forma generalizada que es incapaz de mantener compromisos estables y definitivos, por lo tanto la infidelidad se ve como una forma de libertad. Pienso que podemos hacer eco de las palabras de Juan Pablo II cuando afirmó acerca de la fidelidad:”Como consecuencia de la crisis del racionalismo, ha cobrado entidad el [1]Nihilismo. Como filosofía de la nada, logra tener cierto atractivo entre nuestros contemporáneos. (…) En la interpretación nihilista la existencia es sólo una oportunidad para sensaciones, y experiencias en las que tiene primacía lo efímero. El nihilismo está en el origen de la difundida mentalidad según la cual no se debe asumir ningún compromiso definitivo, ya que todo es fugaz y provisional”.

La fe verdadera supedita el tiempo y la libertad a la fidelidad, siendo capaz de sacrificar ambos para mantener viva la llama de la fe. Aquellos primeros mártires cristianos siempre tuvieron a mano la libertad. Aquellos cristianos que eran capturados, siempre podían obtener la libertad a cambio de blasfemar el nombre de Cristo. Un par de palabras maldiciendo a Cristo hubieran sido suficientes. Escupir el nombre de Cristo rayado en una pared hubiera valido también. O algo tan simple como tomar un par o dos de granos de incienso y espolvorearlos sobre una estatua de la bella diosa Diana les hubiera otorgado la libertad. Podían escoger entre una dulce vida por un lado o por otro morir mediante una cruenta muerte. Por un lado tenían la libertad y un dulce hogar, por el otro la tortura y una tumba. Con todo escogieron el ser torturados y la muerte. Hubieran podido evitarla de forma muy sencilla pero su fidelidad les llevó al patíbulo, por que para el Cristiano fiel es mejor ser fiel que libre.

SE REQUIERE FE PARA RECHAZAR SER LIBERADO DE LA TRIBULACIÓN QUE SUPONE PERMANECER FIEL EN NUESTRA VIDA DIARIA

A diario somos enfrentados a situaciones de nuestra vida cotidiana donde el camino fácil resulta en perjuicio de nuestro testimonio cristiano. Cada uno de nosotros tiene una cruz personal que llevar todos los días y no hay posibilidad de escapar de ella. Cada uno tiene su amargura secreta, aquello que le tienta y con lo que tiene lidiar todos los días. Para uno puede ser el ocuparse de su trabajo sin caer en la tentación de ser deshonesto, o defraudador. Para un joven hoy en día es toda una cruz el mantener una vida limpia sexualmente en medio de una juventud que cada vez valora menos el matrimonio y la fidelidad entre dos personas que se quieren. Hoy en día con tantas facilidades para el disfrute y el ocio resulta toda una epopeya reservar un tiempo diario para orar, meditar la Palabra y no olvidarnos de ayudar al necesitado o involucrarnos en la obra de Dios. Si tenemos un ministerio público siempre podemos caer fácilmente en la vanagloria si abandonamos el angosto camino de la humildad.

Pero para todas estas “prisiones” el Señor Jesús está con nosotros para que podamos permanecer libres aun en medio de tantas dificultades. Su poder, su paz y su consuelo están con nosotros. Ninguno de nosotros puede vivir sin ser tentado, la tentación viene una y otra vez en todas sus formas, no hay ninguno de nosotros que no las sufra, ni ninguno que no vaya a necesitar la ayuda del Señor para permanecer firme sin caer en “la libertad” que nos da el pecado y un mundo que se opone y rechaza los principios del Reino de Dios. A aquellos primeros cristianos no les importaron ser privados de libertad y ser torturados por amor a Cristo porque la luz de Cristo en sus corazones no pudo ser apagada por las tinieblas de este mundo.

ESCOGIENDO LO BUENO EN LUGAR DE LO MEJOR

A menudo solemos preferir lo bueno en lugar de lo mejor. Todos llevamos vidas más o menos ocupadas con sus ajetreos y preocupaciones. Dedicamos gran parte de nuestro tiempo a nuestros trabajos y a nuestros quehaceres diarios. Así que parece inevitable disponer de muy poco tiempo para nosotros y llegar al final de nuestra jornada cansados y con pocas fuerzas. Pero llegamos a casa y continúan las demandas, no solo es el trabajo que nos da sustento. Hay que dedicar tiempo a nuestra familia, a nuestros hijos, a la oración, al estudio de la Palabra, a la iglesia con sus reuniones y actividades, etc. Pero siendo honestos, debemos confesar que del poco tiempo que tenemos, muchas veces, la mayor parte de él o solemos dedicar casi todo a: Caer en el sillón y pasarnos horas viendo la televisión, o a cualquier otro entretenimiento (Internet, ir de compras, videojuegos, etc.). Por supuesto debemos reservar siempre un tiempo para descansar y entretenernos, pero nunca debemos descuidar lo que es mejor para nuestras vidas. Hemos de confesar que a menudo preferimos lo bueno a lo mejor. Nos falta fe para negarnos a la liberación que nos ofrece este mundo, dedicamos poco tiempo al Señor y su Obra, nos olvidamos de nuestra responsabilidad a la hora de ejercer misericordia y justicia. En definitiva aceptamos ofrecer unos granitos de incienso a la diosa Diana con tal de poder librarnos de nuestro temporal sufrimiento aunque luego el mundo nos cobre bien cara nuestra libertad. Por que este mundo nunca nos liberta “gratuitamente”. Este mundo no entiende de jubileos a la hora de querer cobrar sus deudas y tarde o temprano se las cobrará. El tiempo pasado ya no se puede recuperar jamás y al fin todo es vanidad.

LA FIDELIDAD ES MEJOR QUE LA FELICIDAD

Podemos llegar a pasar por este mundo deseando siempre aquello que justamente no tenemos. Muchas veces la felicidad es solo una imagen que tan pronto la tenemos se desvanece porque siempre la proyectamos sobre aquello que nuestros ojos pueden desear. Si nuestra felicidad solo entra por los ojos cuando los cerremos o haya penumbra siempre desaparecerá con la consecuente frustración. Un creyente soltero, por ejemplo, puede verse tentado a contraer matrimonio con una persona que no es la que el Señor ha preparado para su vida. No es fácil negarse. La soledad está ahí, el deseo sexual también y ante tal situación casarse con esta persona parece ser la única solución. Podemos seguir nuestro propio camino, abrazar aquello que pensamos que es felicidad y dejar a un lado el propósito que Dios tiene para nuestras vidas, pero alejados del propósito y compromiso que el Señor tiene con nuestras vidas. Toda ilusión no tardará en desvanecerse una aun mayor frustración sobrevendrá a nuestras vidas.

Dios nos ha dado a todos dones, podemos ejercitarlos en su obra poniéndolos al servicio de nuestros hermanos en la iglesia, en proclamar el evangelio, en ser misericordiosos o bien podemos ocultarlos, enterrarlos para poder dedicarnos más a nosotros mismos y así poder disfrutar de nuestro maravilloso tiempo libre a nuestro antojo ¿Qué le diremos al Señor cuando nos diga qué hicimos con nuestro don?

Dios nos ofrece la posibilidad de trabajar para Él en la iglesia. Todos somos necesarios en la obra de Dios, pero no todos los trabajos son iguales. Él ha puesto quizá el don de la misericordia pero nosotros preferiríamos un don que nos dé mucho más protagonismo o más reconocimiento por parte de los demás. Una vez más preferimos el auto complacernos en lugar de ser fieles al Señor y a lo que Él nos pide. Podemos llegar a pasarnos toda una vida de amargura y frustración, no porque no podamos “servir al Señor” sino por que no podemos satisfacer nuestra vanagloria.

ALGUNAS VECES LA LIBERACIÓN SOLO ES UN MANIFESTACIÓN DE NUESTRA PROPIA INFIDELIDAD
Todos los que tenemos ministerios públicos o responsabilidades en el pastoreo de la iglesia hemos y somos tentados no pocas veces a abandonar nuestras responsabilidades debido a la fuerte presión que algunas veces sufrimos, y a la gran dificultad que supone el tener que enfrentar ciertas actitudes con ellos mismos o entre hermanos. Todos sabemos lo aficionados que somos a criticar al que tiene responsabilidades y lo exacerbados que nos podemos poner cuando mantenemos conflictos personales entre nosotros. Ciertamente hay momentos de anhelada huída ante tales situaciones. Todos pasamos también por momentos de desánimo en que la ilusión se desvanece, a veces es solo algún pequeño desengaño nos hace verlo todo de color negro. Personas irritantes y entrometidas nos dificultan la tarea de seguir adelante. Tarde o temprano aparece el día en que somos tentados a colgar la toalla y refugiarnos en el caparazón del olvido. Dejarnos ya de tanto conflicto y vivir en paz sin tener que preocuparnos de nada ni de nadie parece algo casi idílico.

La verdad es que una retirada a tiempo y en su debido momento no siempre es mala. Hay momentos en que es mejor retirarse. Hay veces que incluso es lo correcto y lo necesario. No necesariamente tenemos que estar siempre haciendo lo mismo. Por ejemplo existen labores que son más indicadas a determinadas edades, y la salud también es importante. Si el médico nos ha recomendado tener una vida más tranquila, haremos bien en cambiar de ministerio y ocuparnos en cosas que no sean tan estresantes, hemos de pensar que mientras seamos útiles al Señor en esta tierra, no hay motivo para adelantar la partida de nuestra vida. Nuestras familias también requieren de nuestra presencia y de nuestra atención, debemos saber llevar vidas equilibradas en cuanto al cuidado que piden nuestras iglesias y nuestras familias. Hay que saber reservar un tiempo para ellas. Por otro lado uno también debe saber ver cuando hay que abandonar ciertos ministerios e ir a otro lugar si la obra que ocupamos ya está madura y el Señor nos pone delante otras que requieren mayor atención y el Señor nos llama a atenderlas

Pero también pudiera ocurrir que nuestro abandono no se adecuado. Pudiera ser que de alguna forma sea un acto de traición, pudiera ser que sea fruto de la doblez y la falsedad en nuestras vidas. Pudiera ocurrir que lo que realmente estamos buscando no es tanto servir al Señor sino complacernos nosotros mismos. Quizá lo que buscamos es simplemente un reconocimiento personal, buscamos ejercer cierto prestigio social entre los hermanos. Solo nos interesa llevar a cabo nuestros vanidosos propósitos. A veces nuestro abandono es fruto de nuestra incapacidad de amar a nuestros hermanos. Cuantos creyentes se pasan la vida deambulando entre iglesias sin llegar nunca a establecerse en ninguna porque simplemente se pasan todo el tiempo juzgando a todo el mundo sacando todos lo defectos a los hermanos y viendo agravios a su persona por parte de todos los que les rodean tan solo porque no ven satisfechos sus propias aspiraciones personales.

El Señor nos libre de la vanidad y haga que nuestra vocación y nuestro propósito sea servirle a Él aun y cuando no recibamos el reconocimiento de los demás o aun cuando recibamos oposición por algunos de aquellos a quien servimos. “Ninguno que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es digno del Reino de los Cielos”.

CUIDADO CON LA FALSA LIBERACIÓN DE LA DUDA MORAL O INTELECTUAL

Pudiera también ser que anhelamos creer en el Señor pero no llegamos a hacerlo. Pudiera ser que no sentimos la atracción de la Cruz de nuestro Señor Jesucristo. A veces no son pocas las dudas y obstáculos que nuestra mente pone en el camino que lleva al Señor. Pero ello no quita el hecho de que Cristo nos ama y quiere salvarnos. La Biblia no es un libro de ciencia, no es un compendio para saber y conocer el funcionamiento de todas las cosas. La Biblia es el libro en que podemos hallar al único Dios vivo y verdadero, el creador de todas las cosas, quien sostiene el universo entero y quien se hizo hombre y murió a favor nuestro en una cruz por amor a nosotros. Y aunque, erróneamente, nuestra sociedad emplea la ciencia como sustituto de Dios. Hoy podemos decir que la ciencia probada y certificada aun no ha contradicho ningún principio bíblico, aun y cuando está claro que es por fe que nosotros creemos y no hay otro modo en que podamos agradar a Dios.

No todo lo que damos por sentado que existe puede ser probado. Las mejores cosas de la vida no pueden probarse científicamente: el amor, la amistad, la misericordia, el gozo, y la paz. Todas ellas no se pueden meter en un tubo de ensayo, ni conocer su composición, sin embargo nadie duda de su existencia.

Dios no lo ha revelado todo absolutamente pero si nos ha dado a conocer en Cristo Jesús todo lo que nos es necesario. Sin embargo debemos tener cuidado con aquellas cosas que solo se pueden creer por fe, porque tarde o temprano vendrá la tentación de la duda y con ella surgirán respuestas “liberadoras” que tendrán como objetivo apartarnos de nuestro Señor abandonando nuestra fe. Cuando llegue ese día, Dios haga que prefiramos amarle a Él sin verle, que dejarle a cambio de dirigir nuestra mirada hacia otras cosas que ni están vivas ni pueden salvarnos.

Muchas veces hay batallas morales en nuestro corazón, nuestras pasiones plantean dudas acerca de la idoneidad o la veracidad del mandamiento del Señor. No resulta difícil encontrar una respuesta que nos “libere” de nuestro compromiso moral con la Palabra del Señor y pueda dar rienda suelta a algunas de nuestras pasiones que deshonran el nombre de Dios a cambio de nuestra propia satisfacción.

El Señor haga que no cedamos a las respuestas fáciles o superficiales que nos plantea la vida y sepamos aferrarnos al bien que ya conocemos y ya hemos recibido. Es inevitable pasar por valles de oscuridad moral o intelectual, pero si una vez recorrido el arduo camino hemos permanecido fieles, el dulce canto de los pájaros vendrá una vez más a nuestros oídos y nos recordará la gloria que está guardada para aquellos que prefieren la sumisión al Señor de la Gloria a la vana liberación de los hombres. Aquellos que prefieren una mejor resurrección a una “buena vida”.

JESUCRISTO RECHAZÓ LA FALSA LIBERACIÓN

Y una vez más ¿qué mejor ejemplo podemos tener sino el mismo Señor Jesucristo? Él hoy es nuestro Salvador porque rechazó la liberación que hoy hubiera impedido que tú y yo podamos ser salvos. “Todos estos reinos te daré si postrado me adorares” le dijo el Tentador ¿Acaso no le ponía delante el camino del poder otorgándole un principado sobre este mundo, el cual le hubiera privado de la tortura y la muerte en la cruz? Pero Nuestro Señor Jesucristo quiso escoger el angosto y amargo camino que le llevaría al Calvario. Rechazó ser liberado y por tal determinación Jesucristo hoy ha ganado la libertad del cautivo.

Acordémonos también del camino a esa cruz. Cómo le fue ofrecido vinagre mezclado con hiel. Tal bebida hubiera mitigado en alguna medida el sufrimiento allí en la cruz pero Él después de haberlo probado lo rechazó, pues no podía tomarlo si quería llegar a ser el Salvador de la humanidad. Gracias a ello hoy el Evangelio es predicado en todo el mundo. Él hoy sigue dando libertad a los cautivos ¿Lo sabemos? ¿Lo hemos experimentado? ¿Podemos decir hoy que Jesucristo nos ha libertado? Si es así no faltarán momentos en que el tentador nos va a ofrecer una falsa liberación que arruine nuestra vida ¿La vamos a aceptar? El Señor haga en nosotros que la rechacemos la falsa libertad tal como hicieron en su día y hoy hacen otros tantos que en Cristo Jesús han preferido una mejor resurrección a tener “una buena vida”. CSV


[1] El Nihilismo niega todo principio religioso, político y social. Niega toda creencia.

1 comment:

Salomé said...

"Hermana"; es demasiado extenso lo que escribe como para hacerle algún comentario, pero en lineas generales lo que se capta es una mentalidad que acepta la tradición, el sacrificio y el esfuerzo, todo ello como medio para un encuentro con el Espíritu que nos dará la "salvación"; pues esta palabrita "salvación" ya no "mola" "hermana" pues todos somos hijos del mismo Dios, que no es de muertos sino de vivos, y como sus juicios no son los nuestros, un día seremos todos en Él, "TODOS" que más que haber sido salvados, hemos sido llamados a la Vida ¿a que mola más?. No nos podemos conformar con lo que tenemos, con nuestra ideología, si queremos ser enviados para anunciar su Palabra, habrá que involucrarse en los problemas actuales, en la mentalidad actual, de lo contrario no nos entenderán. No hablo de ir a la "moda" ni de solidarizarse con el consumismo o el libertinage, hablo de otros muchos valores del mundo actual, como pueden ser la vuelta a la espiritualidad, si no valoramos positivamente estas sensibilidades estaremos a años luz de nuestro tiempo, y es aquí y ahora donde debemos aceptar ese "Dios desconocido" que también aceptó Pablo para solidarizarse con su buena voluntad, aunque no pensaban como él, con su espiritualidad, aunque fuera diferente, basta con respetar amando y cuando hayamos cambiado "nosotros/as" podremos ver la bondad, y el buen hacer de muchas gentes del mundo actual.
Un abrazo "hermana"