Friday, March 09, 2007

Guerra y Paz


No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de que lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla. (1Co 10:13)


Un mundo en guerra. Vivimos en un mundo en que no solo habitamos nosotros como seres espirituales (nosotros somos de carne y de espíritu) también hay huestes espirituales de maldad que habitan en el aire, en algún lugar entre la tierra y el cielo. Ejercen su influencia por doquier y a todo hombre lanzan dardos de tentación infectados de pecado para esclavizar al ser humano y hacerlo instrumento de sus funestos propósitos para con esta pobre humanidad. El hombre, siendo objeto preferencial del amor de Dios se constituye en principal víctima y objeto del maligno, quien hallándose en rebeldía contra Dios hace todo lo que puede para destruir aquel que fue hecho a imagen y semejanza del Creador. La esfera en que nos ha tocado vivir no es otra cosa que el gran escenario donde Satanás y Dios luchan por el hombre. Uno para su salvación, otro para su destrucción, en esta gran guerra no es posible la neutralidad o estás con uno o estás con otro, o estás en contra de uno o estás en contra del otro. Sin embargo el Señor no nos ha dejado desprovistos de recursos para defendernos en medio de esta guerra espiritual:

Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. (Eph 6:10)

Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. (Eph 6:11)

Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. (Eph 6:12)

Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. (Eph 6:13)

  • La armadura. Así que debemos estar preparados para el día malo, el día en que las huestes de Satanás se lanzan sobre nuestra mente para manipularla, hacernos caer y causarnos el mayor daño posible y así poner freno a los planes de redención de Dios para con nosotros.

Estad, pues, firmes, CEÑIDA VUESTRA CINTURA CON LA VERDAD, REVESTIDOS CON LA CORAZA DE LA JUSTICIA, (Eph 6:14)

  • La verdad y la justicia. Jesucristo y su evangelio es la verdad y toda nuestra fe y doctrina debe de estar fundada sobre este cimiento. El cinto se agarraba al cuerpo haciendo que la cintura estuviera en estrecho contacto con él. Debemos buscar la comunión con el Señor para saber en todo momento qué es la verdad. Debemos preguntarnos quién y cómo es Jesucristo, porque debemos vivir y pensar como él lo hizo como corresponde a los que pertenecemos a su Iglesia. Si le conocemos a Él conocemos la verdad. Lo que “La verdad” sujeta en realidad es “la justicia”. Conociendo a Jesús nuestras obras de justicia fluirán con naturalidad y no solo nos darán abrigo y adornarán, también nos darán una fenomenal protección contra los ataques del Diablo.

y calzados LOS PIES CON EL APRESTO DEL EVANGELIO DE LA PAZ; (Eph 6:15)

  • El Calzado. La base de nuestra fe es el Evangelio. Sobre ella descansa nuestra fe. Jesucristo es la palabra viva. Sobre su vida y obra redentora allí en la cruz nuestra vida hoy tiene la Paz que el mundo no puede tener ni dar porque está en constante enemistad con Dios. La humanidad entera se encuentra bajo la maldición de Dios a causa del pecado. Jesucristo y el Evangelio son la máxima revelación de Dios. Dios se revela tal cual es y se hace como nosotros. El Evangelio es la culminación de toda la Escritura, por lo tanto, debemos de observar toda la Biblia a los ojos del Evangelio, de otro modo inevitablemente la interpretaremos como hicieron los fariseos contemporáneos de Jesús. Si Jesucristo es el Camino, el Evangelio es el calzado con el cual debemos andar.

en todo, tomando el escudo de la fe con el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno. (Eph 6:16)

  • El Escudo. Nuestra fe no solo tiene un valor tremendo, también es la mejor protección que el Señor nos da. La fe es un don de Dios pero también requiere de nuestra voluntad y esfuerzo ya que fe significa fidelidad y confianza. Pablo ora multitud de veces por la fe de aquellos que creen. Nuestras vidas aguantarán los ataques del maligno mientras seamos fieles al Señor y mantengamos nuestra confianza en Él.

Tomad también el YELMO DE LA SALVACION, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. (Eph 6:17)

  • El Yelmo. Toda nuestra mente debe estar perfectamente cubierta por el yelmo de la salvación. La cabeza es siempre la parte más delicada de nuestro organismo. En ella nacen y por ella pasan multitud de pensamientos que repercuten directamente sobre nuestras actitudes y decisiones. La Salvación y el Perdón de Dios nunca deben de alejarse de nosotros. Tanto en lo que respecta al juicio que ejercemos sobre nuestras vidas como en nuestra opinión y actitud hacia los demás.
  • La espada. Es un error pensar que “nuestra” espada es la “palabra de Dios”, aunque solemos decirlo bastante. La Palabra de Dios es la espada del Espíritu. Cuando tomamos la espada que no es nuestra lo único que podemos hacer es desaguisados y estropicios. Mucho daño y mucho mal han hecho algunos hombres a lo largo de casi toda la historia con una espada que no les correspondía. La Palabra de Dios solo puede venir de mano del Espíritu Santo, ella es quien le da vida para que la Iglesia la pueda proclamar. Es esencial que oremos antes de acercarnos a ella y que la meditemos y la compartamos dentro de la comunidad de fe que es la Iglesia de Cristo. Notemos que el único elemento defensivo de nuestra armadura no nos pertenece a nosotros si no a Dios. La Espada del Espíritu está a nuestro alcance, pero no es nuestra.

Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos; (Eph 6:18)

  • Orar en el Espíritu. La Palabra del Señor nos insta a orar en todo tiempo, pero no por nuestra cuenta ni pidiendo todo lo que nos pueda parecer bien, sino siempre en el Espíritu Santo que mora en nosotros. Buscando aquello que el Señor quiere para nuestras vidas y para las de los demás. Necesitamos que el Espíritu nos guíe y nos muestre qué es lo que debemos hacer en cada circunstancia. Él también es el único que pude puede hacernos ver dónde hay pecado en nuestras vidas, así como librarnos de volver a caer en él.
  • Por todos los Santos. La Palabra también nos anima a estrechar lazos de comunión los unos con los otros mediante la oración. El Señor nos brinda la oportunidad de ser colaboradores suyos en el servicio y la comunión de todos los santos que pueblan la redondez de la Tierra. Es la mejor forma de hacer que la Iglesia viva como un solo cuerpo y no como un saco de miembros amputados. Solo por la oración de los santos la Palabra de Vida podrá ser proclamada y recogido su fruto.

y orad por mí, para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio, (Eph 6:19)

  • Por la proclamación del Evangelio. Todos tenemos cierta corresponsabilidad con el Evangelio. El que tiene el ministerio de Evangelizar y proclamar la palabra es tan necesario como el que tiene que orar para venga a nosotros La Palabra encarnada, esto es que Cristo sea manifestado en nuestras vidas mediante su Palabra. Solo puede haber revelación y conversión si nos unimos como Pueblo de Dios para que quien ministre reciba la gracia y la bendición que solo pueden venir mediante nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús. La Palabra de Dios solo vendrá dentro de la Iglesia porque es necesario que el Pueblo de Dios ore unido para que esta venga y habite en y entre nosotros.

para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; (1Pe 1:7)

Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. (1Pe 5:8)

  • La Tentación. La palabra tentación (pirasmos) significa poner a prueba mediante la adversidad. La misma escritura nos dice que un mineral noble es probado por el fuego y a su vez es purificado por él. Satanás nos tienta para que caigamos y así, sea Dios mismo, en su justicia, quien ejecute su justo juicio sobre nosotros. Satanás más que hacernos daño directamente, aunque hay veces que lo hace, quiere que pequemos para que Dios, quien es Justo y tres veces santos, ejecute su justicia sobre nosotros. Además no debemos olvidar que pecar dice la escritura es odiar a Dios, obedecer a Dios es amarle. Pecando somos partícipes del mismo odio que Satanás tiene contra Dios. El pecado es mucho más serio, mucho más terrible de lo que nos pensamos. La Escritura nos insta a que estemos alerta constantemente, no nos debemos tomar la vida como si fuera un juego y olvidemos la situación en la que estamos, no todo es diversión en este mundo. Debemos aprender también a ser discretos midiendo siempre cada palabra y cada intención de nuestro corazón, sabiendo que somos propensos a caer en lo que decimos y pensamos teniendo el tentador siempre al acecho.

Fiel es Dios, por medio de quien fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro. (1Co 1:9)

Pero fiel es el Señor quien os fortalecerá y protegerá del maligno. (2Th 3:3)

Y vi el cielo abierto, y he aquí, un caballo blanco; el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra. (Rev 19:11)

  • Fiel es Dios. El Señor se ha comprometido con nosotros. Él nos ha salvado y nos ha hecho hijos suyos. Siempre resulta reconfortante saber que nuestro Dios también es nuestro padre quien cuida de nosotros y no permitirá que seamos tentados más de lo que podamos aguantar. Sabemos que juntamente con la prueba, también dará una salida.
  • No lo permitirá. Si bien no podemos evitar algunas tentaciones, tenemos la plena confianza de que el Señor no permitirá que seamos tentados más de lo que podamos soportar. Cuando un arquitecto construye un puente o un edificio tiene que certificar que lo hará con cierta capacidad de resistencia a inclemencias del tiempo o movimientos sísmicos. El Señor no permitirá que la prueba nos derrumbe sin remedio, sino que nos va ha dar las fuerzas necesarias para luchar y resistir.
  • Una vía de escape. Vivimos en un mundo que se encuentra en constante oposición al Reino de Dios y muy especialmente de aquellos que formamos parte de Él. La prueba, o la tentación tienen un resultado purificador cuando son pasadas victoriosamente. El Señor cumple sus propósitos en nosotros y también en sus planes para el Reino que viene. Él no es un General que mueve a los soldados como si fueran peones de ajedrez a los cuales hay veces que hay que sacrificar para lograr su propósito. El Señor ha provisto de un plan perfectamente pensado para que en Él podamos resistir y vencer como Él hizo mientras estuvo entre nosotros. Aunque nuestro concepto de victoria no es siempre igual al que tiene nuestro Señor. Habrá veces que las cosas no saldrán como esperamos, los resultados no serán los deseados, pero el Señor conoce el final de todas las cosas y sabe que al final el nos va a dar bienestar y no calamidad, un futuro y una esperanza.

"Porque yo sé los planes que tengo para vosotros"--declara el SEÑOR-- "planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza. (Jer 29:11)

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